Hanged, drawn and quartered


Nicolás La Russa

Uno de los testimonios más atemporales en cuanto a la vivencia de un régimen totalitario es uno que se remonta hasta la Alemania del Este. Muchos ciudadanos comentaban que se sentían asfixiados; sobretodo, en los últimos días de vida de la República Democrática Alemana –Las ironías siempre han estado presente en las dictaduras-.

  En los últimos meses hemos podido percibir un humo que brota desde las calles y se eleva hasta llegar a las urbanizaciones más privilegiadas del país. Quien te diga que no está sintiendo esta bruma, te está mintiendo. Esta misma bruma fue lo que produjo que la ciudadanía se empezara a movilizar en pro de mover tantas personas hasta que esta marea gaseosa se terminara de disipar y volver a respirar sin ninguna restricción.

  Hay una imagen, a modo de posible “meme”, que invita al Suicidazo, una actividad formada a modo de chiste que invita a la población a un suicidio colectivo. Al analizar la idea de esto podemos llegar a conclusiones bastante interesantes. La percepción de un porcentaje de la oposición con respecto a las actividades ideadas por la MUD es negativa por parecer ineficiente, siendo la única salida el suicidio- Aclaro que la MUD tiene la característica de usar el sufijo “azo” en mucha de sus actividades-. ¿Estaremos viviendo una depresión colectiva? Sí, es muy probable; reafirmando nuevamente que existe este sentir de estar siendo ahorcado.

  Las fechas cercanas a La Constituyente se plantean como preapocalípticas. Compras nerviosas por doquier, colas en las gasolineras y varias fotos de personas conocidas ante el reconocido símbolo del partir doloroso en el aeropuerto internacional de Maiquetía Simón Bolívar. Todas estas imágenes nos hacen percibir que no habrá nada después del domingo, puede que no haya nada parecido a lo que conocemos pero necesitamos que llegue ese día para poseer el criterio de realidad –Repetir cual mantra- y no caer en pesimismo. La contraparte a este argumento es que con el Socialismo del S. XXI las cosas siempre salen peor de lo que hemos planificado.

 La mayoría de nuestras conversaciones se han vuelto divagaciones en plena maraña política. Muchos percibirán esto como una pérdida de tiempo pero es natural, vivir en la incertidumbre nos lleva a la desesperación. La conclusión puede ser lo más reconfortante de este texto o de cualquier escrito relacionado con Venezuela: Este sentimiento de derrota le sirve al gobierno –Cuidado y si no es ocasionado adrede- porque hace que perdamos el norte y nos enfoquemos en todos los indicios que dicen que será imposible.

  Las convocatorias de la MUD han intentado implantar al paralelo un Estado legítimo, algo que sería sensato teniendo un grosso poblacional considerable. Que se ha evidenciado en las movilizaciones de calle en los últimos meses. Este Estado paralelo cuenta con una Asamblea Nacional y con un Tribunal Supremo de Justicia que fueron nombrados bajo el debido proceso que lo exige nuestra Constitución. El único poder “clásico” que falta por ser legitimado es el Ejecutivo, el cual desde hace mucho tiempo es cuestionado por su partida de nacimiento y por el incumplimiento de sus funciones.
La presión debe seguir presente hasta que los sectores que faltan por entender que hay ciertos poderes que no deben ser atendidos por ser ilegítimos se sumen a este nuevo Estado. El chavismo, posteriormente madurismo, surgió como un cáncer, este proceso de nuevo Estado es como si el cuerpo hiciese una división molecular magna y que pueda aislar el cáncer en un espacio muy pequeño para poder desprenderse de ello. Toda una maniobra, nada muy fácil de hacer de un día para otro.

  Los sentimientos de asfixia nos llevan a creer en perfiles que por experiencia no son los más apropiados para liderar personas o, incluso peor, para llegar al poder –Obviamente me refiero al personajillo que surge de las armas y posee el “guáramo” necesario- Esto puede equipararse a tomar cloro para poder acabar con el cáncer, una idea intrusiva cuando el sentimiento de asfixia aumenta.

  Solo nos queda prensar los músculos de nuestro cuello para que la tráquea no se vea afectada y nos quedemos sin oxígeno, necesario para pensar y actuar. Aguantar el chaparrón o la condena del ahorcamiento, arrastre y descuartizamiento –muy famosa en la época de Enrique III de Inglaterra- al cual quieren someternos los verdugos del oscurantismo. Quieren hacernos creer que vivimos en penumbras. Pierde el primero que se crea vencido.

Esta angustia me silba en el oído desde toda la noche.
Huele a miseria, a pólvora y a sangre.
Descubro que debajo de mi cama
hay un susto escondido,
telúrico y callado como un ojo
arrancado de su párpado que golpea,
golpea y golpea con su puño
sangrante y apretado.”

Extraído del poema:
Plomo En El Aire, de Víctor Varela Mora. Enero 1989

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